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jueves, 7 de agosto de 2014

Lactancia: crisis o brotes de crecimiento del bebé

Durante la lactancia, hay momentos específicos en los que se puede producir una “crisis” o desajuste entre la oferta y la demanda de leche y que la mamá puede interpretar como un problema, pero que tiene que ver con el crecimiento del bebé.



Que el bebé llore y se ponga inquieto mientras toma el pecho cuando hasta hace unos días no lo hacía, que demande cada vez más seguido que antes, pero tome menos tiempo, y que la mamá sienta que sus pechos están más blandos y crea que no tiene suficiente leche, es una situación que a muchas les toca atravesar y que, por lo general, tiene que ver con las “crisis de crecimiento” del bebé.

Como todos los bebés las experimentan en edades parecidas, es posible identificarlas y estar preparadas. Aproximadamente ocurren a las 3 semanas, al mes y medio y a los 3 meses de vida, pero esto no es exacto y puede variar en función de cada bebé y cada mamá.

A las 3 semanas


Hasta ese momento, el bebé puede haber tenido un patrón de mamadas más regular, pero de pronto, la mamá se encuentra con que, de un día para el otro, aumenta la demanda, no pasan dos horas sin que quiera tomar de nuevo y puede que hasta le cueste más dormir que antes y que solo se calme prendido al pecho.

Todo esto lleva a que muchas mamás piensen que no tienen suficiente leche y que su bebé está pasando hambre, sobre todo si su reacción se acompaña con el hecho de que los pechos están más blandos y pareciera que no producen como antes. Entonces, deciden incorporar leche de fórmula o abandonar la lactancia definitivamente.

Sin embargo, aunque sea agotador, es importante continuar con la lactancia exclusiva, porque esto se debe a que el bebé está pasando por una de las “crisis de crecimiento” y necesita aumentar la cantidad de leche que fabrica la madre, y la única manera de lograrlo es prenderse más seguido al pecho (ya que el pecho fabrica en función de la demanda). Esta situación suele extenderse durante 3 o 4 días, aproximadamente. Una vez pasado este lapso, la oferta y demanda se equilibra y todo vuelve a la normalidad.

Al mes y medio

La segunda crisis llega hacia el mes y medio de vida. En ese momento, el bebé vuelve a experimentar una mayor necesidad de leche y, como en el caso anterior, comienza a demandar más seguido. Esto suele venir acompañado con una actitud distinta: el bebé se pone inquieto cuando está al pecho, lo suelta y vuelve a prenderse, llora, se pone tenso, arquea la espalda y/o tensa las piernas (aún prendido al pecho) como si no le gustara lo que está pasando.

Como en la crisis anterior, todo vuelve a la normalidad pasados unos días (en este caso, alrededor de una semana) y la lactancia recupera sus patrones habituales.

A los 3 meses

En el caso de la crisis de los 3 meses, como se trata de un bebé que ya no es recién nacido, hay otras características que se agregan: el bebé ya no demanda tanto, cuando toma, lo hace durante escasos minutos y se distrae fácilmente, además, llora al poco tiempo de haber empezado a tomar, aumenta menos de peso (lo cual es esperable), se succiona la mano o los dedos -señal que puede ser interpretada como hambre- y hasta hace menos deposiciones que antes.

Si a todas esas características se suma el hecho de que la madre nota sus pechos más blandos, puede que se crea que el bebé necesita un suplemento porque ya no le alcanza con lo que su madre produce y así comienza la lactancia mixta, que muchas veces termina en el abandono de la lactancia materna. Sin embargo, esta crisis, así como las anteriores, es completamente superable si se la entiende como tal:
Como a partir de los 3 meses los bebés logran tomar en pocos minutos lo que antes les costaba más, puede que estén menos tiempo prendidos al pecho, y no hay que interpretarlo como rechazo al pecho.
A su vez, su cerebro se está desarrollando rápidamente y sus sentidos se agudizan. Ahora no solo ve mucho más sino que percibe los sonidos mucho mejor y todo esto le abre las puertas a un nuevo mundo por conocer. Por eso, mientras toma el pecho se distrae fácilmente ante distintos estímulos, como la voz de su madre o de su padre, las luces de la televisión, e incluso ante el rostro de mamá al que, muchas veces, entre toma y toma, se detiene a sonreír.

Ahora llora cuando toma el pecho y pareciera que no logra sacar la leche que necesita, y la madre puede que perciba menos la bajada de leche (ya no siente presión en el pezón cuando esto sucede o goteo en el otro pecho). Esto tiene una simple explicación: las glándulas mamarias ahora están preparadas para producir leche cuando el bebé lo necesite, en unos minutos de succión se desencadena el reflejo de eyección, pero esta demora puede impacientarlo, porque antes no ocurría, y ahora debe aprender a esperar su alimento. Por otro lado, es normal que a esta altura la mamá ya no sienta la presión de la bajada de la leche, sus pechos no goteen y no estén hinchados. Nada de esto significa que estén “vacíos” o que no produzcan más leche, al contrario, la leche se produce por efecto de la demanda del bebé.


Cómo superar las crisis
En principio, hay que confiar en que el cuerpo es inteligente y que ante la demanda del bebé, producirá lo que él necesita. Entonces, hay que olvidarse de los relojes y ponerlo al pecho cada vez que lo pida porque es la única manera de aumentar la producción: cuanto más mame el bebé, más leche se producirá.

Si se muestra reacio a tomar el pecho o a seguir tomando por más tiempo y llora mucho, no hay que forzarlo e insistirle por demás porque esto puede provocar un rechazo real y generar un problema donde antes no lo había.

En el caso de que el problema sea que se distrae mucho con los estímulos externos, tratar de buscar un lugar tranquilo, con luz tenue y silencioso para que la toma sea más relajada y sin tantas interrupciones.

No esperar a que llore para ponerlo al pecho porque a esta altura puede estar muy inquieto y que esto le impida prenderse bien.

Y paciencia, mucha paciencia porque esto también pasará.

Fuente: Planetamama.com.ar

Problemas en los pezones


Invertidos, planos o grandes

Las alteraciones en la forma pueden interferir con la alimentación, las más comunes son: invertidos, es decir, que apuntan hacia adentro del cuerpo en lugar de hacerlo hacia afuera, aplanados (no sobresalen) o grandes. También es probable que se aplanen temporalmente debido a la hinchazón o la congestión.

Ninguna de estas variaciones representa un impedimento para amamantar, es posible prevenirlas con educación prenatal, y después del parto, con la ayuda del bebé al succionar.

A continuación te damos una serie de ejercicios que puedes hacer durante el embarazo para la formación del pezón:
  • Después de cumplir 36 semanas de gestación, sujeta la base del pezón entre tus dedos y gíralo suavemente hacia fuera. Muévelo de derecha a izquierda (como si estuvieras dando cuerda a un reloj)
  • Toma el pezón con los dedos índice y pulgar, después comienza a estirar la piel de la areola hacia los extremos en sentido horizontal y vertical
  • Recorta la punta de tu brassiere o bien, usa conchas formadoras que se colocan en el interior de esta prenda con el mismo objetivo; sólo sigue las instrucción del empaque
  • Utiliza una jeringa desechable de 10 o 20 ml (la que mejor se adapte al tamaño). Extrae el émbolo y corta la boquilla, insértalo de nuevo en el lado opuesto y colócala sobre tu pezón, saca el émbolo poco a poco, para no lastimar la piel, hasta que sobresalga
Antes de poner en práctica cualquier técnica, deberás ser supervisada por tu médico para determinar cuál es la mejor según tu caso y no empeorar la situación.

Adoloridos

Sucede comúnmente al inicio de la lactancia, mientras la mamá y el hijo prueban varias posiciones y se adaptan a ellas. En ocasiones se debe a que el bebé succiona muy fuerte, no se prende bien, está comenzando la dentición, o por una posición inapropiada; esto fomenta el desgaste de la piel del pezón y puede producir grietas, sangrado y dolor.

Para prevenirlo, se pueden utilizar técnicas de formación de pezón, una colocación adecuada al alimentarlo, cambiarlo de posición con frecuencia y separarlo correctamente; para ayudarlo a soltarse, introduce suavemente tu meñique por la comisura de la boca para interrumpir la succión.

La piel demasiado seca o húmeda también puede causar malestar, evita utilizar ropa ajustada o de material sintético. Para aliviar la molestia, después de la tetada puedes enjuagar tus pechos con agua limpia y exponerlos al aire durante algunos minutos; no utilices jabón, cremas u otros ungüentos ya que pueden resecarte más.

Fuente: bbmundo.com

Tu pareja en la lactancia


Ahora que tu hijo nacerá, sugiérele a tu pareja pedir una o dos semanas de vacaciones pues requerirás apoyo extra en lo que te acostumbras a tu nueva faceta y aunque seas tú quien lo amamante, él puede apoyarte con otras labores igual de importantes.

Por ejemplo, cocinar, lavar ropa, pagar cuentas, recibir llamadas, organizar las visitas, entre otras. Respecto al bebé, podría cambiar pañales, bañarlo, sacarle el aire y cualquier otra actividad que te dé un respiro.

Ahora bien, es común que los hombres consideren la lactancia como algo “exclusivo de mamá y bebé” y que se sientan desplazados pero ¡no es verdad! Tu pareja puede y debe involucrarse en este proceso y para que participe: 

  • Vacía tu leche y déjalo alimentarlo. Así si debes regresar al trabajo, tu bebé habrá creado una conexión especial con su papá y aceptará el biberón 
  • Sugiérele que realicen actividades exclusivas. Bañarse, darle masajes o recostarlo sobre su pecho mientras toman una siesta, son buenas opciones 
  • Promueve los paseos solos. Incluso pequeñas salidas como ir a la tienda o a la farmacia sirven para que ambos se acostumbren a la presencia del otro. Llevarlo con un rebozo, los unirá aún más 
  • Apóyalo. Es cierto que el torbellino emocional te afectará más a ti pero mientras más te prestes al diálogo y la confianza, menos malentendidos tendrán 
Si a pesar de que platiquen sigue teniendo dudas, acérquense a una consultora de lactancia, ella podrá apoyarlos y darles consejos prácticos para hacer de ésta, una etapa disfrutable.

miércoles, 6 de agosto de 2014

”Mi bebé rechaza el pecho”


Tu bebé llora, se arquea o aleja del pecho al colocarlo para amamantar, ¿qué pasa? El rechazo es evidente y no es lo que esperabas, así que la angustia y desesperación pueden apoderarse de ti. Sin embargo, considera que varias mujeres lo experimentan y es posible solucionarlo con tiempo y paciencia.

Identifica la causa:
  • Infección o lesión en la boca
  • Dolor o reflujo gastroesofágico
  • Podría estar confundido porque también tiene contacto con chupones o biberones
  • Tiene dificultad para agarrar el pecho adecuadamente
  • Si se aplicó presión sobre su cabeza al momento de ayudarlo con el agarre y la posición
  • Sacudes el pecho cuando él trata de agarrarlo 
  • Disgusto por cambio en el ambiente o la rutina. Por ejemplo: cuando regresas al trabajo o se mudan de casa
  • Está a cargo de una o varias personas
  • Tu olor es diferente; el cambio de jabón o perfume también intervienen

Cómo manejarlo
  • No te aflijas, es una dificultad que se puede superar
  • Trabaja sobre el origen de la conducta
  • Considera reducir el tiempo que pasas lejos de tu hijo y evita otros cambios en su rutina
  • Acércate a un grupo de apoyo para que te ayude a mejorar tus técnicas de lactancia 
  • Dale cada vez que muestre signos de hambre: como llevarse las manos a la boca o acercarse a tu pecho 
  • Fomenta el contacto piel a piel 
  • Exprime tu pecho sobre su boca para que reconozca el sabor y tu olor
fuente: bbmundo.com

martes, 5 de agosto de 2014

¿Cuánta leche según su edad?


Cuando eres mamá primeriza tendrás muchas preguntas sobre cómo alimentar a tu bebé, cuánta leche debe tomar y si debes darle otros líquidos además de ella. El té, agua u otras sustancias no son necesarios ni recomendables ya que no le aportan nutrientes al bebé ni ningún otro beneficio y sólo deben utilizarse bajo indicación médica o en ambientes en donde el calor sea excesivo. Tu leche es un alimento “completo” que aporta el agua y los nutrientes que se necesitan, por lo que el bebé no requiere nada más durante los primeros seis meses.

Es común que las madres piensen que la leche materna no los nutre por su consistencia ligera. Sin embargo, recuerda que ésta es “humana” y la consistencia de la leche que todos conocemos está diseñada para un “becerro”. Las leches maternizadas son modificaciones de la leche de vaca pero nunca iguales a la materna.

¿Sabías qué?
  • La leche humana se digiere fácilmente y el intervalo de un bebé recién nacido de pecho entre una toma y otra en promedio es de 2 a 3 hrs., mientras que el alimentado por fórmula es de 3 a 4 hrs
  • Para que se produzca debe consumirse, es muy raro que las mamás realmente “no tengan leche”. Por lo mismo, el bebé debe consumirla en cada toma y “no completar” con fórmula si es que realmente la mamá quiere amamantar a su bebé. Se sugiere no dar fórmula las primeras dos semanas para asegurar una adecuada producción de leche materna
  • Es frecuente que el bebé esté adormilado y se alimente poco durante las primeras 72 hrs. Posteriormente el niño “despierta” y tiende a alimentarse ávidamente, esto es normal 
  • El tiempo aproximado que tarda un bebé en vaciar un pecho es entre 5 y 20 minutos, la alimentación promedio para la mayor parte de los bebés debe de ser de 10 a 15 en cada pecho. Aunque se sugiere alimentar con ambos pechos en cada toma, es natural que algunas veces el bebé sólo tome de uno, por lo que te recomendamos que en la siguiente toma comiences a amamantarlo con el otro pecho 
  • Ya sea que alimentes a tu bebé con pecho o con fórmula, debes sacarle el aire 
  • Si tienes más dudas, el pediatra o el ginecólogo son los más indicados para asesorarte 
Número de tomas promedio de leche al día:
  • Nacimiento a una semana: 6-10 
  • Una semana a un mes: 6-8 
  • Uno a tres meses: 5-6 
  • Tres a siete meses: 4-5 
  • Cuatro a nueve meses: 3-4 
  • Ocho a doce meses: 3 
Cantidad promedio por toma:
  • Una a dos semanas: 2 a 3 oz. (60 a 90 ml) 
  • Tres semanas a dos meses: 4 a 5 oz. (120 a 150 ml) 
  • Dos a tres meses: 5 a 6 oz. (150 a 180 ml) 
  • Tres a cuatro meses: 6 a 7 oz. (180 a 210 ml) 
  • Cinco a doce meses: 7 a 8 oz. (210 a 240 ml) 
Las fórmulas de seguimiento o de segunda etapa se inician después de los seis meses de edad. La leche entera de vaca se introduce después de los 9 meses. Sin embargo, hoy en día se sugiere introducirlos hasta después del año, para evitar el riesgo de anemia.

Se sugiere la leche entera desde los 9 meses y hasta los 2 años de edad, después de esta etapa la leche descremada (light) es la mejor opción porque te ofrece lo bueno de la leche, pero con menor cantidad de grasa. Antes de los 2 años está contraindicado el uso de leche descremada.

Las fórmulas especiales como la de soya, sin lactosa e hipoalergénicas, son leches producidas para necesidades especiales y por ello que su indicación y manejo son responsabilidad del pediatra.

Si tienes más dudas acerca de la alimentación de tu bebé consulta a tu pediatra.

lunes, 4 de agosto de 2014

Cómo conservar la leche materna.


Es de gran importancia tener en cuenta las siguientes recomendaciones para mantener la leche materna en óptimas condiciones cuando el bebé la necesite:

  1. Conservarla en recipientes limpios, preferentemente de plástico; pueden ser los de análisis que se compran en la farmacia o cualquier recipiente previamente lavado con agua y jabón. Los recipientes de vidrio no son aconsejables ya que retienen algunos nutrientes de la leche.
  2. Pegar etiquetas a los recipientes con fecha y hora a cada envase, además debes usar siempre la leche materna más vieja
  3. La leche materna se conserva según las siguientes pautas:
  4. A temperatura ambiente, puede mantenerse entre 6 y 8 horas. (25º C o menos)
  5. En el refrigerador (4º C o menos) entre 3 y 5 días
  6. En el compartimiento del congelador dentro de un refrigerador, 2 semanas
  7. En el congelador de un refrigerador con puerta separada, hasta 3 meses
  8. En un congelador (-20º C), de 6 a 12 meses
  9. Para consumir la leche materna, es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
  10. No debe calentarse en microondas ni hervirse
  11. Al sacarla del congelador o del refrigerador, debe dejarse que se descongele a temperatura ambiente o en agua caliente, pero no sobre el fuego ni a baño maría
  12. Recuerda que el bebé consume la leche materna a temperatura corporal, por lo que no hace falta calentar mucho
  13. Es conveniente no guardar los restos de leche materna por lo que se sugiere separarla en cantidades pequeñas. No debe congelarse dos veces la leche materna.
Fuente: bbmundo