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martes, 9 de septiembre de 2014

Reglas del ejercicio en embarazadas

Sigue las recomendaciones de los expertos para no sufrir lesiones ni otras dificultades y lograr así una actividad física adecuada durante la gestación.


El ejercicio durante el embarazo trae un sin número de beneficios tanto para el bebé como para la madre, como por ejemplo mejora la condición cardiorespiratoria, disminuye el dolor lumbar y edemas en los pies, y hay una recuperación más rápida del peso y estado físico en el post parto. Sin embargo, eso no significa que no hay que tomar precauciones cuando se está embarazada.

A continuación te presentamos 13 reglas para asegurar que tu actividad física es sana para ti y para el bebé, sin importar si eres toda una deportista o una sedentaria que quiere empezar a ejercitarse.

1. Consulta primero con tu ginecólogo

Si acostumbras hacer ejercicio, lo más probable es que puedas continuar haciéndolo, siempre y cuando tu embarazo sea sano y sin complicaciones. Se recomienda comenzar o retomar la actividad física luego de las primeras 12 semanas de embarazo.

Debes consultar con tu médico qué tipo de ejercicios te aconseja, ya que no podrás hacer lo mismo de antes.

Por otro lado, si no practicabas ningún ejercicio antes de quedar embarazada, también debes preguntarle a tu doctor qué te recomienda e informarte sobre los ejercicios adecuados para principiantes.

2. Di “no” a los deportes peligrosos.

No practiques deportes de contacto, deportes que impliquen mucho rebote, ni actividades en las que puedas perder el equilibrio, como cabalgar o andar en bicicleta. Debes saber que en esta etapa tu cuerpo produce la hormona relaxina, la que permitirá una mayor flexibilidad y elasticidad en las articulaciones para un mejor parto, pero a la vez, puede relajar otras partes de tu cuerpo, haciendo que estés más susceptible a torceduras y lesiones si te caes.

3. Viste ropa apropiada

Tu ropa debe ser cómoda y suelta, de tela transpirable. Es importante también que tengas un buen sostén que te sujete bien, así como zapatillas deportivas del tamaño adecuado y que te brinden una buena amortiguación. En caso de que se te hinchen los pies, es mejor comprarte zapatos que se acomoden a este cambio (generalmente es media talla más que lo normal).

4. Haz ejercicios de calentamiento antes de empezar

Calentar y elongar es bueno para preparar los músculos y articulaciones antes de hacer ejercicio y para aumentar de a poco la frecuencia cardiaca. Si no lo haces, puedes lastimarte los músculos y ligamentos, y sentir dolor al día siguiente. No debes pasar a un nivel muy fuerte de actividad física sin que tu cuerpo esté listo.

Puedes hacer ejercicios tales como natación, yoga, pilates, gimnasio (bicicleta estática o elíptica con apoyo constante de manos), entre otras y como calentamiento realizar una caminata suave por algunos minutos y luego elongar y mover tus articulaciones de brazos y piernas (tobillos particularmente) en distintas direcciones. Siempre ten precaución que la actividad que hagas sea de una intensidad leve a moderada.

5. Bebe mucha agua

Tanto antes, como durante y después del ejercicio debes tomar agua. De no hacerlo, puedes deshidratarte, causándote contracciones y un aumento de temperatura, lo que puede hacer que peligre el bebé.

Los expertos recomiendan beber un vaso antes de empezar los ejercicios, 1 vaso cada 20 minutos durante tu rutina de actividad, y un último al terminar. Si hace mucho calor, deberás beber más.

6. Aliméntate saludablemente

Es importante tener claro que en este período no hay que comer por 2, sino que nutrirse por 2. En promedio la mujer embarazada de peso normal debiera subir entre 10 a 14 kilos y aquella con sobrepeso u obesidad no debería superar los 6 ó 7 kilos.

Es por esto que debes preocuparte de mantener una alimentación equilibrada consumiendo muchas frutas, verduras y alimentos con fibras, evitando las grasas y azúcares.

7. No hagas ejercicio acostada boca arriba

Ya en el segundo trimestre debes evitar acostarte de espaldas, porque podrías presionar una de las principales venas del cuerpo, la vena cava, lo que disminuiría el flujo sanguíneo al cerebro y al útero, causándote mareos, falta de aire o náuseas.

8. Cuidado con los mareos

Los mareos frecuentemente se dan por cambios bruscos de posición, si estás acostada primero siéntate, espera unos minutos y luego párate.

Además si no te mueves por un buen rato, el flujo sanguíneo que llega al útero podría disminuir y la sangre acumularse en las piernas. Es mejor que te muevas cambiando frecuentemente de posición o dando pasos sin moverte del lugar.

Si te mareas detén la actividad y si persiste es aconsejable que verifiques tu presión arterial, ya que con el ejercicio puede alterarse produciendo los mareos.

9. No exageres la actividad

No es la idea que termines completamente exhausta. Acuérdate que siempre la actividad debe ser de intensidad leve a moderada, si no puedes hablar con facilidad mientras haces ejercicio, baja el ritmo. Se aconseja nunca superar las 140 pulsaciones por minuto.

10. No te acalores

En especial durante el 1° trimestre, evita acalorarte mucho, porque en esa etapa se desarrollan los principales órganos del bebé. Estudios con animales han probado que el acaloramiento puede causar malformaciones congénitas en éstos. Es mejor no arriesgarse.

Además, durante el embarazo circula más sangre por el cuerpo y el metabolismo se acelera, por lo que es muy fácil sentir más calor que lo normal mientras haces ejercicio (incluso antes de que te salga guatita).

Entre las señales de que te estás acalorando demasiado están: sudar demasiado, sensación de incomodidad, mareos o falta de aire. También debes restringir el ejercicio cuando los días estén muy calurosos y húmedos, o realizarlos adentro, en una sala con buena ventilación y aire acondicionado. Ponte ropa cómoda y suelta, toma mucha agua.

Si quieres enfriar rápidamente el cuerpo, para tu rutina de ejercicios y sácate la ropa, luego anda a una habitación que esté fresca o con aire acondicionado, o bien date una ducha fría. No dejes de tomar bastante agua.

11. Levántate lentamente

Una vez que crece tu guatita, tu centro de gravedad cambia, así que si vas a cambiar de posición, hazlo con cuidado. Si te levantas muy rápido te puedes marear, perder el equilibrio o hasta caerte.

12. Enfríate y elonga al final

Al finalizar tu rutina de ejercicios, ve disminuyendo gradualmente el ritmo, caminando sin moverte del sitio por un instante y luego haciendo ejercicios de elongación. La frecuencia cardíaca aumenta durante el embarazo y puede tardar algunos minutos en regresar al nivel normal luego de la actividad física.

13. Acostúmbrate a hacer ejercicio

El ejercicio debe ser parte de tu rutina diaria, de manera que acostumbres a tu cuerpo. Así, será menos duro para tu cuerpo adaptarse a hacer ejercicios físicos con regularidad, en vez de intercalar mucha actividad con largos periodos de sedentarismo. Lo ideal para comenzar es realizar actividad física 3 veces por semana por aproximadamente 15 minutos para posteriormente llegar a hacer 4 veces por semana con una duración de hasta 45 minutos

martes, 22 de julio de 2014

El parto natural


Las embarazadas que optan por este tipo de parto, pese a sentir dolor por no estar anestesiadas, valoran el sentimiento de haberle brindado a su hijo las mejores condiciones para nacer.

El parto natural es una función dentro del cuerpo de la mujer que ocurre cuando finaliza el embarazo. Está cien por ciento comandado por procesos naturales y no por la intervención del equipo médico. La madre y el feto en conjunto ayudan a que sucedan todos los cambios que se necesitan para producir el nacimiento, tanto hormonales como mecánicos.

Pocos riesgos, muchos beneficios
En el parto natural los riesgos son mínimos, porque no hay intervención ni administración de medicamentos que puedan tener efectos adversos, es decir, no se altera el medio químico de la madre ni del feto. Los médicos sólo apoyan y evalúan que los latidos del bebé estén bien y que las contracciones se produzcan de manera normal y con la frecuencia e intensidad necesarias.

Entre los beneficios del parto natural están:
Su costo es menor que el del parto normal, porque no se usan medicamentos y la estadía en la clínica es más breve.
El niño, al estar en los brazos de la madre y recibir su amor desde el primer momento, adquiere una personalidad más sociable, seguro de sí mismo y capaz de entregar afecto.
La mamá puede escoger la posición que más le acomoda para dar a luz, sin tener que estar en una silla ginecológica.

“La madre que se prepara para un parto natural, va a recibir a su recién nacido con una actitud de amor, apego y contención. El bebé que reciba este amor desde el primer minuto de vida, será un individuo con una buena autoestima, capaz de entregar amor y de relacionarse con los demás. De esta manera van a disminuir la violencia, los intentos de suicidios, la adicción a las drogas y enfermedades como la anorexia, que son productos del desamor”, explica Mónica Guitart, matrona jefe de Clínica Santa María.

Primer contacto
En el parto natural se propicia el contacto de la madre con el hijo, ya que éste necesita sentir la presencia de sus papás y escuchar sus voces. Apenas el bebé nace, el equipo médico lo pone en los brazos de la madre, y se deja que el cordón umbilical siga latiendo para que naturalmente pase al bebé aquella cantidad de glóbulos rojos de la sangre que todavía hay en la placenta. Alrededor de los dos minutos y medio lo cortan, ya que ha dejado de latir.

Mientras el bebé está con sus padres, el pediatra le realiza el Test de Apgar para saber si está sano. Pasados los primeros 30 minutos desde el parto, se observa si el recién nacido ha tenido alguna complicación, de no ser así, los demás exámenes de rutina se realizan después y sólo se le administra vitamina K dentro de las primeas 24 horas. Esto se hace así porque lo ideal es que durante sus primeras horas, el bebé pase la mayor cantidad de tiempo junto a sus padres.
Condiciones que debe tener el ambiente

En el parto natural se intenta crear un ambiente cálido y acogedor para recibir al recién nacido. El entorno debe tener las condiciones necesarias para ayudar a la madre a controlar el dolor y malestares que le va a ocasionar el parto.

Para lograr este ambiente, se usa lo siguiente:
Música clásica o alguna que haya escuchado la madre durante el embarazo.
Una temperatura de 24 grados y control de luces y sonidos.

Dolor
Las mujeres que optan por este tipo de parto se preparan para soportar los dolores y malestares propios del embarazo; saben qué pasa en cada etapa, están conscientes de que en la fase final van a sentir una mayor compresión a nivel pélvico y que la intensidad y frecuencia de las contracciones aumentan. Guitart explica que “para ellas, el dolor está en un segundo plano, pues su gran objetivo es tener a su hijo y conocerlo”.

¿Puede arrepentirse?
Cuando se prepara a la mamá para el parto natural, se le previene sobre las situaciones que pueden generar un dolor más intenso. También es preparada para que si en algún momento se siente sobrepasada, pueda decidir usar anestesia. El anestesista siempre está cerca de la sala de atención de parto para que llegue oportunamente si es necesario.

Preparación
Para que la embarazada esté en las mejores condiciones de recibir a su hijo en un parto sin anestesia, puede participar en: un curso para la preparación del parto natural, un curso de yoga durante el embarazo, además de la compañía de matronas que practican hipnosis.

¿Por qué las otras instituciones no lo realizan?
Según la matrona Mónica Guitart, en otras instituciones públicas y privadas no se ha favorecido el parto natural porque es muy difícil cambiar la mentalidad de las personas, y porque atender un parto natural requiere una dedicación de varias horas más que el parto normal.

Fuente: http://www.facemama.com/

lunes, 5 de mayo de 2014

Depresión en el embarazo


Los síntomas son principalmente: tristeza sin explicación, decaimiento, dificultad para dormir, falta de interés, sentimientos de culpabilidad, pérdida de energía, dificultad para concentrarse, bajo apetito, cansancio o movimientos lentos, ideas o pensamientos suicidas.

Experto: Francisca Wormald, psicóloga de la Red Salud UC y Jorge Carvajal, ginecólogo de la Red Salud UC

De cada 10 embarazadas, entre 1 y 2 tienen síntomas de depresión en el embarazo. Si la han sufrido en embarazos anteriores, corren un riesgo mayor de desarrollarla durante el nuevo embarazo. Esta patología es muy seria ya que puede poner en riesgo a la mujer y su hijo. Existen tratamientos psicológicos, psicoterapia de apoyo grupal, además de los métodos naturales como yoga y Flores de Bach, entre otros.

¿Qué es y por qué ocurre?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que, en términos simples, se presenta como una sensación de decaimiento e infelicidad de manera transitoria o permanente. En el embarazo, se puede presentar por causa de diferentes factores: cambios hormonales, antecedentes personales o familiares de depresión, problemas de pareja, haber tenido una pérdida, presentar un embarazo de alto riesgo o al tener que enfrentar situaciones estresantes.

Entre las razones de por qué ocurre podemos encontrar:
Cambios hormonales: son propios de esta etapa y afectan directamente los neurotransmisores químicos del cerebro encargados de regular nuestro humor.
Antecedentes personales o familiares de depresión: si ya has sufrido de depresión o hay registro en tu familia de padecer esta enfermedad, estás más propensa a que se presente durante el embarazo.
Problemas de pareja: si no te estás llevando bien con tu pareja, te abandonó o llevas una relación conflictiva, es probable que puedas padecer una depresión. Es importante apoyarte en tu familia, amigos o buscar redes de apoyo.
Complicaciones en el embarazo: los síntomas de pérdida, tener un embarazo múltiple y hacer reposo prolongado provocan mucho miedo y ansiedad, que pueden terminar desencadenando una depresión.
Situaciones estresantes: problemas laborales, la pérdida de un ser querido y cualquier preocupación puede generar un cuadro de angustia y depresión.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de la depresión son principalmente: tristeza sin explicación, decaimiento, dificultad para dormir, falta de interés, sentimientos de culpabilidad, pérdida de energía, dificultad para concentrarse, bajo apetito, cansancio o movimientos lentos, ideas o pensamientos suicidas.

¿Cómo tratar la depresión en el embarazo?

Se puede tratar a través de medicamentos antidepresivos, los que por supuesto serán recetados por un médico psiquiatra, quien será el encargado de escoger la alternativa que se acomode más a ti y a tu bebé. Bajo ninguna circunstancia, se debe administrar un medicamento de este tipo sin supervisión médica.

Si ya tomas algún medicamento para la depresión y te enteras que estás embarazada, no dejes de tomarlo y acude inmediatamente a tu médico para contarle de tu estado, ya que si dejas de tomar repentinamente un antidepresivo puedes descompensarte.

Las terapias alternativas, sin medicamentos, como las Flores de Bach también ayudan a aliviar la depresión o puede ser un complemento del tratamiento. Practicar yoga o algún deporte, te ayudará a disminuir la ansiedad y a sentirte mejor contigo misma.

Ir a terapias de grupo, compartir con más embarazadas y asistir al psicólogo también son alternativas para superar este difícil momento en el embarazo.

¿Qué riesgos presenta para el bebé una depresión?

Considerando que la depresión es una condición que afecta cuerpo y mente, el bebépodría verse afectado porque la madre está más propensa a tener un cuidado prenatal inapropiado, no sube el peso necesario, tiene malos hábitos alimenticios, se automedica, etc. Todo lo anterior, puede provocar que el bebé se desarrolle más lento, tenga bajo peso o nazca prematuro, por lo que es de suma importancia tratar la depresión.
¿Cuántos tipos de depresión hay?

Depresión mayor: es una enfermedad grave que interfiere con la habilidad de la persona para trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar. Puede aparecer una o varias veces en la vida.

Distimia: es un tipo de depresión más leve. Las personas con esta enfermedad tienen síntomas de largo plazo. Pueden llevar a cabo sus actividades de día a día, pero no siempre funcionan o se sienten bien.

También pueden tener episodios de depresión mayor. La psicóloga de la Red Salud UC, Francisca Wormald, explica que “la distimia es muchas veces un estado depresivo crónico y sin diagnóstico por lo que algunas mujeres lo pueden tener previo al embarazo sin darse cuenta”.

¿Qué daños producen directamente en el feto los antidepresivos?

El doctor Jorge Carvajal, ginecólogo de Red Salud UC, explica que las drogas durante el embarazo se clasifican del siguiente modo:

Clase A: estudios adecuados en mujeres embarazadas no han mostrado riesgo para el feto en el primer trimestre del embarazo y no hay evidencia de riesgo en trimestres ulteriores.

Clase B: estudios en animales no han mostrado efectos adversos sobre el feto, pero no hay estudios clínicos adecuados en mujeres embarazadas.

Clase C: estudios en animales han mostrado un efecto adverso sobre el feto, pero no hay estudios clínicos adecuados en mujeres embarazadas. La droga puede ser útil en mujeres embarazadas a pesar de sus riesgos potenciales.

Clase D: hay evidencia de riesgo para el feto humano, pero los beneficios potenciales del uso en mujeres embarazadas pueden ser aceptables a pesar de los riesgos potenciales.

Clase X: estudios en animales o humanos muestran anormalidades fetales, o las comunicaciones de reacciones adversas indican evidencia de riesgo fetal. Los riesgos involucrados claramente sobrepasan los beneficios potenciales. Estas drogas NO deben ser usadas por ningún motivo en el embarazo

“Cada vez que una mujer necesita usar un medicamento en el embarazo debe chequearse a qué clase corresponde la droga que se desea utilizar. En el caso de los antidepresivos de uso más frecuente se encuentran por ejemplo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina”, explica el especialista.

¿Se puede evitar la depresión en el embarazo?

Para evitar la depresión, es fundamental que te relajes y trates de pensar que todo el esfuerzo valdrá la pena cuando tengas a tu bebé en brazos por primera vez.

También habla con tu pareja, familia o amigos para expresar tus miedos e inquietudes. Ellos te ayudarán y acompañarán durante el embarazo.

Si te sientes muy ansiosa, práctica algún deporte de bajo impacto, yoga o meditación. Así evitarás que la ansiedad desencadene en una depresión. Recuerda ante todo, que cada embarazo es único y que esa personita que se está formando en tu interior depende absolutamente de tu amor y cuidados.

Fuente: http://www.facemama.com/

martes, 22 de abril de 2014

¿Cuáles son las enfermedades que pueden afectar al embarazo?


La mujer embarazada no es inmune a las enfermedades, de hecho su sistema inmunológico se ha debilitado para dejar paso a un nuevo ser en crecimiento lo que la hace más propensa a contagiarse de enfermedades comunes como puede ser un resfriado o una gripe. Pero también puede ser víctima de dolencias más graves, entendiendo como tales aquellas que no solo afectan a su salud, si no que repercuten gravemente en el feto.

Hay enfermedades más peligrosas que otras sobre todo si se contraen estando embarazada. Conocerlas es importante para tratar de evitarlas o para actuar de inmediato en caso de contraerlas.

La rubeola y la toxoplasmosis

Una de las más conocidas es la rubeola, pese a que la mayoría de mujeres están vacunadas es necesario constatar mediante una análisis de sangre que se es inmune a esta enfermedad. Contraerla durante el embarazo conlleva un considerable riesgo de que el niño que nazca tenga defectos congénitos como la ceguera, el retraso mental o cardiopatías. Otra enfermedad infecciosa peligrosa en el embarazo es la varicela, en este caso también hay un riesgo, aunque menor, de que el bebé tenga problemas oculares, cicatrices en la piel o defectos en los miembros. En este caso para la mujer que no sea inmune la única solución será evitar el contacto con enfermos o grupos de contagio.

La toxoplasmosis es otra de las conocidas de la embarazada, pese al poco riesgo que conlleva para la salud de la mujer contraerla en el embarazo puede provocar que el recién nacido tenga hidrocefalia, microcefalia o retraso mental. En este caso tampoco hay una vacuna, si no se es inmune hay que evitar contraerla con medidas preventivas como no estar en contacto con gatos, principales transmisores, además de lavar la fruta y la verdura y cocinar muy bien la carne.

Las infecciones urinarias y los problemas de tensión

Las infecciones urinarias son otra de las patologías que hay que controlar y tratar antes de que puedan afectar al feto. Cualquier leve malestar puede ser perjudicial para el bebé, pueden causar contracciones con el riesgo de parto prematuro, además de causar retraso en el crecimiento intrauterino. Debido a que se trata de una de las dolencias más habituales en las embarazadas se tienen muy controladas con análisis de orina en cada trimestre y la medicación necesaria para evitar que se agrave. De todas formas la mujer debe estar alerta ante cualquier molestia al orinar por muy leve que sea y consultar al médico.

La tensión es otro de los factores que se controlan mucho en esta etapa de la vida de la mujer. Una tensión arterial elevada es causante del bajo peso al nacer y de partos prematuros, en los casos más graves puede derivar en preeclampsia. Grave también es la diabetes gestacional, si no se controla a tiempo es causante de abortos espontáneos, parto prematuro o alto peso al nacer. Las mujeres con propensión a la hipertensión o diabéticas deben por tanto tener especial cuidado y llevar un seguimiento continuo de su estado de salud.

Las enfermedades que se contraen por transmisión sexual suponen un gran riesgo para el bebé ya que las posibilidades de contagio al feto son muy altas.

Fuente: http://www.embarazoymas.net/

lunes, 21 de abril de 2014

¿Cuánto se debe esperar para tener otro bebé?


Se trata de una decisión personal en la que se deben valorar factores de todo tipo, desde la salud, hasta la situación económica pasando por la maduración del primogénito.

Quizá lo que haya que valorar en primer lugar sea el punto de vista médico, normalmente se recomienda que las madres esperen un año antes de tener otro hijo. Es el tiempo mínimo para que el organismo de la mujer se recupere y cada cosa vuelva a su lugar. Durante los primeros meses tras un parto el cuerpo va recuperándose lentamente de los nueve meses de gestación y del desgaste que ha supuesto el parto. Es también la época de la lactancia y como norma general la mujer no suele tener la menstruación por lo que no es sencillo quedar embaraza de nuevo, aunque si es posible.

Normalmente después de un año el cuerpo ya está listo para otro embarazo

Una vez ha transcurrido el año el organismo está listo para afrontar un nuevo embarazo, aunque habrá que tener en cuenta qué tipo de embarazo y parto se ha tenido, en los casos en que ha habido cesárea los médicos no recomiendan una nueva gestación al menos hasta pasados 18 meses.

Hay que tener en cuenta también que los primeros dos años de vida del bebé el sentimiento de apego a su madre es muy grande, todavía no se socializa con el resto de niños y es muy dependiente. Así, en lo que se refiere a la adaptación a un nuevo miembro de la familia, es bueno dejar que el niño haya cumplido ya los dos años.

Pero todo esto va a depender de las preferencias de los padres. Muchos prefieren que pase poco tiempo entre uno y otro, criarlos juntos, pasar casi a la vez por la etapa de pañales y fomentar así que la escasa diferencia de edad les mantenga más unidos. Todo esto son importantes ventajas, aunque hay que tener en cuenta otras cuestiones, por ejemplo el mayor desgaste que va a suponer para los padres, que deberán hacerse cargo de dos bebés, el gasto que supone criar a dos niños de corta edad o las dificultades de adaptación que tendrá el mayor ya que todavía no es capaz de comprender la situación. Eso sí, una vez superados los primeros años la poca diferencia de edad hará que los hermanos estén más unidos.
La mayor parte de las veces la decisión no viene condicionada por el estado físico de la mujer
Otros padres prefieren esperar entre 2 y 4 años antes de tener otro hijo, en este caso se cuenta con la ventaja de que el mayor ya tiene mayor capacidad de razonamiento para entender la situación, aunque habrá que tener cuidado con los celos. Los padres por su parte pueden cuidar con más tranquilidad del bebé y disfrutar de él al ser el primero más independiente. Además la diferencia de edad no es tanta como para que no pueda jugar juntos, aunque tardarán algo más.

Por último hay quienes prefieren dejar que pasen años antes de lanzarse a la aventura de un recién nacido. Si el niño es mayor de 5 años los padres encontrarán en él una gran ayuda para la crianza y el clima en casa será mucho más tranquilo, eso sí habrá que tener en cuenta que las necesidades de nuestros hijos serán muy distintas y habrá que saber adaptarse a ellas, sin olvidar que será complicado que sean compañeros de juegos.

Fuente: http://www.embarazoymas.net/

viernes, 7 de marzo de 2014

Recuperarse de una cesárea: consejos de alimentación.

La alimentación es importante tanto antes como después de tener al bebé, pero en caso de cesárea hay que tener una serie de cuidados específicos. En este artículo te damos algunos puntos que no deben descuidarse en la dieta tras esta intervención.



La cesárea es una intervención quirúrgica que se realiza en los casos en los que los médicos decidan que el parto es de esta manera más seguro para el bebé y para la madre. Consiste en hacer una incisión en la pared abdominal y el útero y la recuperación para la mamá es muy importante.

En este punto es fundamental que la mamá siga una buena dieta: aunque se desee perder peso tras el parto el buen estado de salud es fundamental, ¡ya habrá tiempo de adelgazar más adelante!

Dieta sana tras la cesárea

El mejor modo de asegurar una pronta recuperación tras una cesárea es seguir una dieta sana, que básicamente consistiría en incluir una variedad de productos de todos los grupos de alimentos. Esto incluiría fruta fresca, cereales sin procesar, vegetales, proteínas y lácteos bajos en grasa.

Es fundamental, por supuesto, evitar la comida basura y la bollería industrial, así como otras comidas muy altas en calorías, ya que la actividad física debe limitarse bastante (especialmente las primeras semanas).

Lo mejor es tratar la dieta que se debería seguir con el doctor: lo normal es que, si se desea seguir un plan de adelgazamiento tras el parto, se posponga al menos hasta la sexta semana tras la cesárea.


Qué no debe faltar en una dieta tras la cesárea

Hay ciertos elementos que deben tenerse especialmente en cuenta en cualquier plan de alimentación tras una cesárea, estos son los más importantes:

- Proteínas adecuadas: Para reparar el tejido muscular y ayudar a la curación las proteínas son fundamentales. Ejemplos de fuentes saludables de proteínas son el pescado, la carne de ave, algo de carne roja, las nueces, las semillas y las legumbres.

- Vitamina C: La vitamina C también es una gran ayuda para ayudar a curar la herida pronto, y además previene posibles infecciones. Algunos ejemplos de alimentos con un alto contenido de vitamina C son las frutas cítricas (naranjas, mandarinas, limones…), las fresas, las patatas, los tomates y el brócoli.

- Hierro: Debido a la pérdida de sangre durante la cesárea el hierro también tiene su papel, ayudando a restaurar la sangre promoviendo la producción de la hemoglobina. Además, ¡ayuda al sistema inmunitario! Comidas que son fuente de hierro son las legumbres, la carne roja, los huevos y el pescado.

- La hidratación importa:
Beber suficiente agua es importante siempre, pero tras el parto es frecuente el problema de estreñimiento en algunas mamás. Para evitarlo habría que beber entre 8 y 10 vasos de agua diarios. Se pueden tomar todo tipo de líquidos, eso sí, evitando las bebidas azucaradas especialmente si tienen gas.


Fuente: http://nonabox.es/blog

martes, 18 de febrero de 2014

¿Sabías que un desorden en la sangre puede complicar el embarazo?

Mal silencioso. De un 10 a un 15 por ciento de las mujeres lo padecen durante la gestación. Causa abortos tempranos recurrentes, entre otras complicaciones.



Gabriela es la mamá de Valentina (13 años) y Tomás (3). Antes de tener a su hija, perdió un embarazo de tres meses de gestación y, después, sufrió otras tres pérdidas antes de tener a su hijo varón. “Perder un bebé es, sin dudas, una de las experiencias más dolorosas que puede vivir una mujer”, asegura.

Después de sufrir la segunda pérdida, Gabriela se sometió a una gran cantidad de estudios y descubrió que padece trombofilia.

La trombofilia es un conjunto de desórdenes en la coagulación de la sangre que generan una predisposición a sufrir trombosis (formación de coágulos que impiden la normal circulación e irrigación sanguíneas).

En Argentina, se sabe que al menos el 10 por ciento de la población general (varones y mujeres) tiene trombosis. Y la prevalencia en mujeres embarazadas es del 10 al 15 por ciento.

Este mal silencioso generalmente es detectado cuando la mujer ya ha sufrido al menos una pérdida de embarazo tardío o más de dos abortos tempranos recurrentes.

“En vez de indagar, el primer obstetra que me atendía me decía que era algo natural y que la mayoría de las mujeres pierden hijos”, cuenta Gabriela.

“Cuando la prevalencia se determina entre mujeres que han tenido antecedentes de abortos prematuros recurrentes, muerte fetal o complicaciones vasculares placentarias tardías, encontramos que el 60 por ciento tiene trombofilia”, dice Omar Latino, director del consultorio de enfermedades autoinmunes, trombofílicas y embarazo del Hospital General de Agudos Carlos G. Durand en Buenos Aires.

Además de complicaciones, durante el embarazo, la trombosis puede ocasionar infarto agudo de miocardio y accidente cardiovascular (ACV), entre otras afecciones.

“La trombofilia no es una enfermedad, sino un rasgo de coagulación, una tendencia a coagular más (hipercoagulación). En las mujeres embarazadas, impide la normal circulación de la sangre a través de la barrera placentaria y, en consecuencia, dificulta, primero, la nutrición del embrión, y luego la de del feto”, explica Adriana Sarto, jefa del departamento de Hematología de la Reproducción de Halitis Instituto Médico.

Nutrientes y oxígeno llegan al embrión y al feto a través de la vía sanguínea, con lo cual es un elemento fundamental para el desarrollo de la vida.

La trombofilia puede ser hereditaria o adquirida. La primera se asocia con factores hereditarios que favorecen un estado hipercoagulable determinado genéticamente por la pérdida de actividad de los coagulantes naturales de la sangre. La trombofilia adquirida es un desorden autoinmune adquirido a través de anticuerpos que, dirigidos contra una parte de la coagulación, producen tendencia a coagular más. Hay varios tipos de trombofilias adquiridas y la más frecuente es el síndrome antifosfolípido (SAF).

Mujeres en riesgo

La trombosis afecta de manera especial a mujeres y embarazadas, debido a que los cambios hormonales generan mayor estado procoagulante.

“Fisiológicamente, durante el embarazo surge una marcada tendencia protrombótica, debido a la existencia de factores coagulantes: existe estasis venosa de las extremidades a causa de la presión del útero gestante y dilatación venosa favorecida por los cambios hormonales”, indica Marcela Zitta, especialista del centro de medicina reproductiva Nascentis.

Algunas de las complicaciones que ocasiona durante el embarazo son: pérdida de embarazo temprano (antes de la semana diez de gestación), pérdida fetal (después de la semana diez), restricción del crecimiento fetal intrauterino (el feto es menor a su edad gestacional), preeclampsia (hipertensión gestacional) y/o convulsiones durante el embarazo, parto prematuro, desprendimiento de la placenta o muerte fetal intrauterina.

Los especialistas recomiendan que todas las mujeres que hayan sufrido alguna de estas complicaciones hagan una consulta médica antes de buscar un nuevo embarazo.

También aquellas que tengan antecedentes en familiares directos (trombosis, infarto de miocardio, ACV) o antecedentes personales de trombosis arterial o venosa.

“Aunque en el diagnóstico del aborto temprano recurrente encontramos trombofilia en el 60 por ciento de las pacientes, las causas pueden estar relacionadas a trastornos cromosómicos o metabólicos y, según los consensos internacionales, se justifica estudiarla cuando la paciente sufrió una pérdida, o dos, o más abortos tempranos recurrentes”, explica Sarto.

Por su parte, Zitta informa que “las guías prácticas de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM) tampoco justifican su estudio en casos de fallas reiteradas de implantación en tratamientos de fertilización in vitro”.

Es fundamental que las mujeres conozcan esta afección y sepan las complicaciones que puede causar en la gestación, aseguran los especialistas.

Detección y tratamiento

La detección de la trombofilia se realiza a través de un análisis de sangre específico que implica una extracción y cuyos resultados demoran un mes en brindar el diagnóstico.

Los estudios deben realizarse fuera del período de embarazo y al menos dos meses después del último parto o aborto.

Una vez detectada, se indica a las pacientes un tratamiento antitrombótico anticoagulante. “En la mayoría de los casos, se usa aspirina de baja dosis y heparina, un anticoagulante que la paciente debe aplicar por vía subcutánea durante embarazo y puerperio”, indica Sarto.

Según los especialistas, la adherencia al tratamiento es excelente y en las mujeres con trombofilia adquirida la tasa de éxito es del 85 por ciento y “se equiparan con aquellas que no han tenido este antecedente”.

Las mujeres con trombofilias hereditarias deberán tomar la medicación de por vida. “Hasta ahora no se evidencia que el tratamiento con heparina reduzca el riesgo de aborto o prevenga la aparición de restricción intrauterina o preeclampsia en este grupo”, informa Zitta.


Fuente: http://www.lavoz.com.ar/salud/un-desorden-en-la-sangre-puede-complicar-el-embarazo

viernes, 7 de febrero de 2014

Pezones doloridos: cómo cuidarlos

Muchas mujeres, durante los primeros días de lactancia, sufren dolor en los pezones. Te explicamos por qué ocurre y cómo tratarlo.


Muchas mujeres se plantean dar el pecho a sus hijos de forma prolongada. Muchas terminan abandonando durante los primeros días o semanas, debido al dolor que sufren en los pezones. Existen soluciones y técnicas de mejora para aliviar el dolor y solucionar los problemas de una lactancia dificultosa.

¿Cuáles son las causas de este dolor?


• La irritación del contacto continuo.
• Un mal agarre del pecho.
• Una posición incorrecta.
• Una presión negativa al retirar el niño.
• Los lavados antes de cada toma.
• La aplicación de cremas y soluciones irritantes.
• La existencia de grietas e infección de éstas.

La mayoría de estas causas se pueden evitar. Algunas requieren el seguimiento de una comadrona o un profesional experto en el tema. En algunos casos existe un dolor fisiológico transitorio, que es debido al exceso de presión negativa en los primeros días.

¿Cómo aliviar el dolor en los pezones?
Para aliviar estas molestias te aconsejamos alternar el inicio de la toma en un pecho y otro y cambiar de postura para variar los puntos donde se ejerce más presión con la succión. Además, ten en cuenta:

1. Evita jabones, alcohol y otros productos que puedan resecar la piel cuando te duches. No es necesario lavar los pezones antes de las tomas.

2. En caso de tener grietas, no te apliques cremas que se tengan que quitar antes de dar el pecho al bebé. Lo mejor es aplicar unas gotas de tu propia leche sobre el pezón y la areola después de las tomas y dejar que los pezones se sequen al aire.

3. No es recomendable el uso de pezoneras de silicona, ya que confunden la succión del bebéy actúan como barrera, de forma que el pecho de la madre no recibe suficiente estímulo.

Si el dolor persiste, debes consultar con un profesional que te ayudará a encontrar las causas del dolor:

- Valorará las características del dolor, su duración, el inicio y fin, y su relación con la toma del pecho.

- Examinará los pezones buscando la existencia de grietas y observando clínicamente una toma para ver la técnica de amamantamiento y la posición.

- El examen del bebé también revelará otras posibles causas.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cinturón de seguridad en el embarazo: ¿sí o no?, ¿cómo colocarlo?

Una de las dudas de las embarazadas es si deben usar o no el cinturón de seguridad del auto durante el embarazo y cómo colocarlo. Por ley es obligación y por la salud del bebé y de la mamá, usar el cinturón de seguridad es imprescindible.

 

¡Claro que sí!, en la Argentina el cinturón de seguridad es obligatorio por ley para todos los ocupantes de un auto, y esto incluye a las embarazadas.

Para tener una idea de la importancia del cinturón de seguridad, distintas investigaciones han concluido que los daños o traumatismos en el feto pueden ser mayores si la futura mamá no lleva el cinturón de seguridad, entonces ¿por qué poner en riesgo al bebé teniendo los elementos necesarios para protegerlo?

Hay embarazadas que tienen miedo de lastimar al bebé con el cinturón ante una frenada o un choque, sin embargo, colocarlo correctamente es la clave para protegerlas tanto a ellas como a sus bebés, a lo largo de todo el embarazo.

¿Cómo se debe colocar la embarazada el cinturón de seguridad?
La correa horizontal del cinturón de seguridad debe colocarse lo más abajo posible de la panza, en la región pélvica, para evitar cualquier tipo de presión sobre el abdomen.
La correa vertical, que cruza el cuerpo desde el hombro, debe pasar entre los senos y por el costado de la panza.
Ni la hebilla ni ningún otro objeto duro debe quedar sobre el vientre, porque ante un impacto, puede resultar dañino para el bebé.
Las correas del cinturón deben ajustar, porque si quedan sueltas pueden moverse y terminar sobre el abdomen.




También es importante que la futura mamá acomode el asiento de manera que la panza quede a cierta distancia del volante en caso de que conduzca, o del tablero, si va en el asiento del acompañante, y no dejar objetos sueltos arriba del auto porque ante un choque o frenada pueden golpearla a ella o a otros ocupantes del auto.

Y en caso de sufrir un accidente, aunque sea leve, es importante que antes de volver a casa se acerque a una guardia médica para que un obstetra controle que todo está bien.


Fuente: planetamama.com.ar

jueves, 30 de enero de 2014

El sueño en el primer trimestre de embarazo


Durante el primer trimestre de embarazo los cambios internos son tan intensos que es normal sentirse rara aunque no haya nada que lo demuestre exteriormente. El cansancio profundo es uno de ellos, y si bien hay futuras mamás a las que este agotamiento las ayuda a conciliar rápidamente el sueño por las noches, a otras este cansancio las sorprende, pero solo durante el día.

Dar vueltas y vueltas en la cama, a pesar de haber pasado un día entero entre bostezos y más bostezos, es muy común y se debe al aumento de la progesterona, una hormona que tiene efecto tranquilizante y que a la vez puede interferir en el sueño durante las noches.

Otros de los efectos hormonales en el primer trimestre son la acidez, que también puede interferir en el sueño nocturno, y una mayor sensibilidad en los pechos que puede afectar la postura para dormir. Las mujeres que están acostumbradas a dormir boca abajo pueden encontrarse más molestas en esta etapa. Lo ideal en estos casos es tratar de empezar a acostumbrarse adormir del lado izquierdo, que es el más recomendado por los médicos, ya que optimiza el funcionamiento de los riñones y de la circulación ayudando a eliminar residuos y fluidos y a que el bebé reciba los nutrientes necesarios.

Otra de las molestias que provoca un sueño alterado es las ganas de orinar más seguido. Como los riñones están funcionando más de lo normal para filtrar un mayor volumen de sangre (en el embarazo el volumen de sangre aumenta de un 30 a un 50%), se genera más orina y esto hace que la futura mamá necesite ir al baño más seguido.


¿Cómo recuperar el sueño ante tantos cambios?

Aunque los factores mencionados no se pueden evitar, hay maneras de mejorar el descanso, adoptando nuevos hábitos:
  • En lo posible, aprovechar distintos momentos del día para hacer una siesta sin culpa.
  • Irse a dormir y levantarse a una misma hora cada día.
  • Ingerir la cantidad de líquido necesaria durante el día, evitando tomar mucho al atardecer y en la cena, y evitando las bebidas con cafeína (café, té, bebidas cola, etc.), sobre todo al anochecer.
  • Realizar cenas livianas, evitando las comidas pesadas, muy picantes o saladas.
  • Hacer, al menos, 30 minutos de actividad física durante el día (siempre que el médico haya dado el visto bueno), evitando horarios de tarde o noche para realizarlas.
  • Darse un baño relajante antes de dormir
  • Levantarse de la cama si el sueño no llega, no mirar el reloj a cada rato y despejar la mente leyendo, escribiendo o haciendo otra tarea tranquila hasta que el cansancio nos supere. 
  • Para evitar la acidez, elevar la cabecera de la cama al menos 10 o 15 cm. con almohadas o poniendo bloques de madera o guías de teléfono viejas debajo de las patas. Esto evitará el reflujo y colaborará con la digestión.
  • Para bajar el nivel de estrés, anotarse en clases de yoga o relajación para embarazadas (siempre consultando previamente con el médico)
  • Si los miedos o la ansiedad son las causas de noches en vela, una clase de preparto puede ayudar a apaciguarlos. Charlar sobre lo que nos preocupa y compartir estos miedos y ansiedades con otras embarazadas y un profesional, puede ayudar a tranquilizarnos y recuperar el sueño perdido.
Fuente: http://www.planetamama.com.ar/

miércoles, 29 de enero de 2014

¿Qué son las contracciones de Braxton Hicks?

Aunque se las relacione con el preparto, las contracciones en realidad se pueden presentar en cualquier momento del embarazo, bajo diferentes características, y pueden ser pauta de alarma dependiendo de cómo se desarrollen y de la edad gestacional del bebé. Las llamadas contracciones de Braxton Hicks son las que se perciben, por lo general, a partir de la segunda mitad del embarazo y que son diferentes a las contracciones de parto:


¿Qué son las contracciones de Braxton Hicks?
Estas contracciones (que deben su nombre al Dr. John Braxton Hicks, que las describió por primera vez en 1872), comienzan a sentirse, por lo general, a partir de la segunda mitad del embarazo.

Aunque hay mujeres que no las perciben, otras comienzan a sentirlas ya desde la semana 20. Por lo general, no vienen acompañadas de dolor, son esporádicas e irregulares y abarcan todo el útero por un lapso de, aproximadamente, 30 segundos en los cuales la embarazada siente cómo se endurece y tensa el abdomen.

A medida que el embarazo avanza, y sobre todo cuando faltan algunassemanas o días para el parto, estas contracciones se tornan más frecuentes y duraderas y hasta incluso pueden venir acompañadas de molestias o dolor.

¿Como se diferencian de las contracciones de parto?
A diferencia de las Braxton Hicks, las contracciones de parto son muy regulares, se repiten cada 2 o 3 minutos y llegan a durar entre 90 y 120 segundos cada una, además de que la mayoría de las veces son dolorosas.

De todas maneras, para mayor tranquilidad, si estando lejos de la fecha probable de parto las contracciones de Braxton Hicks se repiten más de cuatro veces en una hora, o vienen acompañadas de otros signos de parto prematuro, lo mejor es llamar al médico o la partera.

Cuando falten algunos días para el parto, las contracciones de Braxton Hicks pueden llegar a producir cambios en el útero, como afinamiento o ablandamiento y hasta pueden incidir en la dilatación, formando parte del período de “preparto”. En este caso no hace falta llamar al médico o a la partera hasta que las contracciones sean regulares por, al menos, 2 horas, de 1 minuto de duración, y con un intervalo de no más de 5 minutos (a menos que el médico haya indicado otra cosa).


¿Qué tengo que hacer si siento una contracción de Braxton Hicks? ¿Cómo aliviar la tensión?
Lo mejor en estos casos es cambiar de posición. Estirarse, caminar o recostarse puede ayudar a disminuir las contracciones de Braxton Hicks. Un baño relajante también puede contribuir.

Otra manera de sobrellevar las molestias que pueden causar estas contracciones es practicando los ejercicios de relajación y respiración que se hayan aprendido en el curso de preparto.

Como a veces estas contracciones pueden indicar deshidratación, tomar abundante agua también puede calmarlas.

¿Cuándo debo llamar al médico o a la partera?

Si se trata de un embarazo de menos de 37 semanas y las contracciones se tornan frecuentes, rítmicas o dolorosas, ocurren más de 10 veces durante el día o vienen acompañadas de otros posibles signos de parto prematuro, hay que llamar al médico.

Además de las mencionadas, las pautas de alarma para llamar al médico son:
Todo tipo de sangrados o hemorragias vaginales
Flujo vaginal de mal olor, con un poco de sangre, o en gran cantidad (un cierto aumento del flujo vaginal durante el embarazo es normal)
Dolor y/o ardor al orinar
Fiebre y/o diarrea
Molestias parecidas a los dolores menstruales
Tirones y dolores en la ingle o en la espalda

miércoles, 8 de enero de 2014

Embarazo en verano - Bigmami blog -

Embarazo y verano son palabras cargadas de emociones positivas. Pero estar embarazada EN verano puede, sin embargo, transformar parte de esas lindas sensaciones en situaciones inverosímiles. Es verdad que el embarazo nos llena con la ilusión de que conoceremos el amor verdadero en solo 9 meses,… y es verdad que cuando a mitad de setiembre nos pesa el trabajo y pensamos en verano, las imágenes de la casa de afuera o recordar una linda caminata por la playa, nos da un poco de aliento. Pero…

Estar embarazada EN verano implica que esa ecuación “VERANO+ EMBARAZO” nos dé como resultado algo un poco distinto, porque algunas cosas cambian cuando una sale a veranear con panza.

Esa casa de verano con dos plantas, que antes disfrutábamos encantadas porque desde la planta de arriba podíamos ver el mar, se nos vuelve cuesta arriba con las escaleras y ya no resulta lo suficientemente fresca para nosotras que en vez de 36, tenemos 46 grados arriba. La situación empeora si el baño está en la planta de abajo, porque nuestra necesidad de usarlo cada 5 minutos convierte ese veraneo en una sesión continua de step.

Es lindo el recuerdo de esa caminata, cuando podemos lucir la panza chata y los bracitos trabajados de la gimnasia y el esfuerzo del año,…pero el bikini (que no nos importa estirar, porque el año que viene nos premiaremos con otro, cuando amamantar dé sus resultados y quedemos más espléndidas que la Oreiro luego de sus dos años de lactancia) no luce igual. Sobre todo si el embarazo te agarra en el mes 4, cuando al resto de los concurrentes a la playa no les queda claro si esa pancita es por el pan dulce de las fiestas o es producto de que hay un niño allá adentro. Cuando la panza no termina de decidirse a mostrar el embarazo, y tenemos que ponernos un bikini, lo mejor es sacar panza y caminar “como embarazada” –con las manos en la cintura, con cara de pesadez-. Porque no da ponernos un cartel de “niño creciendo” y no da que esos vecinos de sombrilla se queden con la duda. Claro que si el embarazo está avanzado al llegar el verano, entonces, junto con el pozo para clavar la sombrilla, le vamos a pedir a nuestro voluntarioso marido (que seguramente tengamos de asistente personal), hacer otro pozo para clavar nuestra panza y así poder tomar solo boca abajo tranquilas.

Pero, más allá de esos inconvenientes, estar embarazada en verano tiene sus beneficios. Podemos abusar de los helados sin tanta culpa y, además de poder dormir eternas siestas sin que nos digan que somos vagas, hay algo que nos sucede a nivel hormonal que poco lo comentan pero que es real: el embarazo te da el mejor bronceado que puedas tener en la vida. Ya no corre el rojo tomate y nos bronceamos con ese tostado caribeño que siempre envidiamos y quisimos tener, pero que solo era posible luego de volver de algún lugar del Caribe, solo que ahora nos ahorramos el pasaje. Por supuesto que con ese beneficio de la piel, llegan también algunos sustos como lunares ennegrecidos o alguna mancha distinta en la cara, que nunca está de más controlar.

Para ustedes mujeres-embarazadas-EN-verano, les dejo unas preguntas realizadas a la dermatóloga Marianela Querejeta sobre cuestiones de piel que a mí me hubiera gustado saber cuando deambulé con mis 4 meses de embarazo en las playas rochenses en enero de 2013. (Les aviso a todas que la lactancia está dando sus frutos y que seguramente, en 2018, la que se muera de envidia sea la propia Oreiro. Así que, ¡ánimos!).

¿Es cierto que durante el embarazo cambia la pigmentación de la piel? En qué lo vemos?

Durante el embarazo podemos observar cambios en la pigmentación cutánea de diversas zonas del cuerpo de la gestante. Esto es debido a la acción de determinadas hormonas (estrógenos y progesterona) que se hallan elevadas en esta condición fisiológica. Estas hormonas estimulan la producción de melanina, sustancia encargada de pigmentar la piel.

Los pezones, los genitales, las aréolas mamarias, la línea alba (línea que se extiende desde el pubis hasta el ombligo) y la cara son áreas típicas que pueden, en menor o mayor medida, pigmentarse en el embarazo.



¿Pueden cambiar los lunares? ¿Habría que tener algún cuidado especial con ellos?


Los lunares (nevos melanocíticos) durante el embarazo pueden experimentar cambios en su diámetro, pigmentación (oscurecimiento), así como en las características dermatoscópicas. La dermatoscopía es un estudio que pone en evidencia rasgos de determinadas lesiones que a simple vista no se podrían apreciar y forma parte de la valoración clínica. Los lunares que más frecuentemente se modifican, sin por ello implicar gravedad, están localizados en zonas cutáneas sometidas a un mayor estiramiento.

Estos cambios son reversibles y se ha demostrado que no son significativos.

De todas maneras, ante un lunar que presenta cambios que hagan sospechar el diagnóstico de melanoma (cáncer) se deberá proceder a la extirpación del mismo para el correspondiente estudio anatomopatológico como se haría en una paciente no embarazada.

El hecho de estar embarazada no debería modificar la actitud de la persona en cuanto al control de sus lunares. Si tenemos en cuenta que muchas mujeres cursan su gestación en la tercera y cuarta décadas de la vida, edades en que la incidencia de melanoma aumenta, es probable la aparición de un melanoma durante el embarazo.

¿Cómo nos damos cuenta si un lunar cambió por las hormonas del embarazo o si cambió por el exceso de sol?

Eso no es posible de determinar. Influyen factores hormonales, de fotoexposición y el estiramiento del tegumento cutáneo como hacíamos referencia antes.

¿Cómo se previenen las manchas típicas de las embarazadas? ¿Por qué es que estas se dan?


Existe, como explicábamos anteriormente, una tendencia al aumento de la pigmentación en las embarazadas por el estímulo hormonal. No existe una manera de evitar la aparición de “manchas” durante el embarazo. Sí podemos atenuarlas, sobre todo las localizadas en la cara (llamadas cloasma gravídico) utilizando medidas fotoprotectoras.

¿Hay pieles más propensas a las manchas o es un tema hormonal que se da indistintamente de la piel de la futura mamá?

Las pacientes de piel más oscura tienen más tendencia o propensión a pigmentarse. En el desarrollo de las manchas castañas a nivel cutáneo inciden diversos factores, a saber: genéticos, hormonales (alteraciones hormonales, embarazo, ingesta de anticonceptivos) y ambientales (radiación ultravioleta). Es decir, que la presencia de manchas, como por ejemplo el melasma (manchas castañas en cara) no son exclusivas del embarazo.

¿Pueden producirse alergias o irritaciones en la piel de la embarazada por tomar sol?

Existen algunas dermatosis que pueden desarrollarse en el embarazo que generan prurito (picazón) y presencia de lesiones tipo ronchas o ronchas propiamente dichas.

Se deberá consultar al dermatólogo para guiar el diagnóstico y el tratamiento correspondiente.

¿Qué 3 sugerencias le darías a quienes estén embarazadas este verano?

1) Protegerse del sol (radiación ultravioleta) utilizando indumentaria, lentes, gorros, protectores solares y evitando la exposición a la RUV en el horario de 11 a 17 hs.

2) Ingerir líquidos.

3) Aplicar cremas hidratantes.


Fuente: http://bigmamiblog.com/2014/01/06/cuestion-de-piel-embarazada/

viernes, 3 de enero de 2014

Panza que no es panza...

No hay caso, respiro hondo, mantengo el aire, arqueo la espalda hacia atrás, pongo una mano en la cintura, cara de circunstancia, pero nada, no pasa nada, nadie me ofrece el asiento en el colectivo. Y no es que los otros pasajeros sean desconsiderados, irrespetuosos, o “pareciera que los parió una vaca” (como una vez gritó un señor en el subte cuando a mi hermana, con una panza de 7 meses de embarazo, no le daban el asiento), no, no, es que a los 4 meses y medio mi panza no es “panza”, peor, es algo amorfo, como una especie de rollito hinchado que no es tal. 



Como me dijo una amiga, con esta panza lo más probable es que me ofrezcan un Activia, en vez de un asiento.

Ya sé que todavía es muy pronto para que se note, pero mi ansiedad se debe a que siento que la panza me va a hacer entender un poco más (o al menos eso creo) lo que está pasando, que algo está cambiando. Porque, pasadas las molestias del primer trimestre, a esta altura es como si no estuviera embarazada, como si mi vida siguiera igual. Si no fuera por aquel positivo y por las ecografías, no podría asegurar que una personita está creciendo dentro mío.

Imagínense mi ansiedad que ya a los 2 meses de embarazo me miraba al espejo y creía ver una pancita que estaba asomando, pero la verdad es que nadie la notaba, ni la nota.

Lo peor es que cuando le pregunto a mi médico, me responde: “Ya va a aparecer, ya va a aparecer…” Pero, ¿cuándo? , ¿cuándo?!, repregunto. “Y… es que depende de cada mujer, de su cuerpo, de su contextura. Quedate tranquila, que el embarazo va perfecto”, me dice, con esa paciencia que le dieron años y años de preguntas del estilo.

Y bueno, será cuestión de esperar. Pero, ¿hasta cuándo?!!

¿En qué momento notaron esa pancita de embarazada? ¿Tardó mucho en aparecer?

...Y, de repente, ¡explotó! A partir de los 5 meses y medio ya no hubo dudas de que era una panza de embarazo:



fuente: http://www.planetamama.com.ar/blog/plapla/post/panza-que-no-es-panza

jueves, 2 de enero de 2014

¿Una panza perfecta?


¡Aja! ¡Dos nuevas estrías! En total serian como…uysh perdí la cuenta; es que no he contado las anteriores. Han sido muy notables estas dos nuevas estrías porque salieron donde no las tenía, además de ser paralelas e igualitas en apariencia.

Al final de mi primer embarazo (8 meses) me salieron varias estrías; nunca he contado cuantas. Se ven como un “diseño” simétrico en cantidad y proporción; parece que tengo la misma cantidad desde la mitad del pupo a la izquierda que del pupo a la derecha. Ah, y una dispareja encima del ombligo.

Mi pancita en este embarazo es más pesada en comparación al primero. Es más redondita y se acomoda a los lados y adelante; en el primero era más puntiaguda y se veía más de adelante. Los “adivinos” (ya saben los familiares o conocidos) me dijeron si sería niña o niño por la forma de mi barriga. Chiquita y redonda = niña. Puntiaguda= niño.

Respecto a mi primer bebé el doctor me dijo que nacería de 5 lb. porque mi barriga estaba pequeña; nació de 7.5 lb. Con mi nena, me han dicho que ambas estamos de “buen tamaño”. Ella pesa 4.6 libras y mi barriga esta “pequeña” pero he subido unas 22 libras. (Dentro de lo recomendable tomando en cuenta el peso que tenía antes del embarazo.) Ambas estamos saludables.

De lo que si no me he salvado a diferencia del primer embarazo son los estragos. Tendré una pancita pequeña pero siento mucho peso, presión en el área pélvica, dolor de espalda al manejar, tengo problemas para dormir, falta de aire, mareos al borde de desmayarme y eso de hacer pis tres veces por noche, ¡que fatiga!

Comentarios que me han dicho por mi barriga:

5 meses: “No parece que estas embarazada”.

6 meses: “Que envidia, yo a este mes tenía una barrigota enorme”.

7 meses “Eso parece un juguete”. (por lo pequeña) “Va a ser niño…aunque te hayan dicho nena”.

Comentarios que hago respecto a mi pancita:

No se verá como los demás creen que se debería ver pero a mí me agrada su apariencia. Amo mi pancita pequeña, con estrías, y hasta por su peso…que sí que pesa. Me siento bonita con ella y es un hogar temporal adecuado para la personita que crece dentro.

¿Sería todo diferente si mi barriga fuera más grande? No lo creo.

Lo que sí creo es que existe la panza perfecta. ¿Sabes cuál es?


La tuya. Esa pancita que aloja una nueva vida que se desarrolla dentro de ti. Esa barriguita que durante nueve meses ves cambiando (a su ritmo) en tamaño y apariencia ¡Esa es la panza perfecta!

fuente: babycenter.com

lunes, 23 de diciembre de 2013

Navidad embarazada: disfruta en la mesa sin riesgos!

Incluso en las fiestas, tomando algunas precauciones, es posible saborear los platos típicos. Te decimos qué puedes comer y qué evitar en Navidad si estás embarazada.



​​Llega la Navidad y, con las fiestas, empiezan a abundar las celebraciones familiares y las típicas comidas navideñas. Seguramente, te habrán surgido muchas dudas acerca de qué puedes comer y qué debes evitar estando embarazada: ¿Puedes brindar con champán por el Año Nuevo? ¿Y qué hay del marisco? Resuelve tus dudas sobre qué puedes comer y qué no si estás embarazada en Navidad.


Marisco: los crustáceos
La langosta, las gambas y otros crustáceos tienen carnes magras, con un magnífico contenido en proteínas de gran valor y, al contrario de lo que muchas personas creen, los crustáceos no son especialmente ricos en colesterol. Sin embargo, es indudable que no resultan muy digestivos. Los puedes consumir siempre y cuando los crustáceos sean muy frescos. Lo aconsejable es cocinarlos cocidos o a la plancha, para evitar que la digestión resulte aún más pesada.


Moluscos con concha
Los mejillones, las almejas y los moluscos, en general, cada vez aparecen con más frecuencia en el menú de Navidad, a veces, incluso acompañados de las preciadas ostras. Son muy ricos en proteínas, pero suelen resultar bastante indigestos y requieren unas normas de higiene muy estrictas. Los puedes consumir siempre que estén bien cocidos (también hay que cocer las ostras, en el caso de que las consuman niños o embarazadas). Evitalos si no están vivos antes de cocinarlos, algo que es muy fácil de comprobar: si se tocan, sus valvas se cierran fuertemente.


El caviar
Se ha puesto de moda, pero sólo debe tomarse en cantidades mínimas, debido a su gran contenido en colesterol, grasas, sal y sustancias (base purínica), que el organismo tiene dificultades para eliminar. Puedes tomar un poco de caviar, siempre que se trate de auténticas huevas de esturión, pues, al margen de su excelente e inimitable sabor, no contiene aditivos.También puedes consumir un poco de huevas de atún. Su precio es mucho más asequible y es un producto igualmente natural, sin aditivos. Evota los sucedáneos (los más comunes son las huevas de lompo).


Los brindis con alcohol
El alcohol es una sustancia potencialmente tóxica. Tan sólo hay que partir de esta premisa para darse cuenta de que no comporta ningún tipo de beneficio para nuestra salud. En este caso, simplemente, se trata de evitar su consumo.



Fuente: http://www.mibebeyyo.com/



martes, 10 de diciembre de 2013

Convertirse en Madre...

A veces es muy duro convertirse en madre…
Si, vale la pena.
Si, es la experiencia más poderosa que puede llegar a vivir una mujer.
Si, nada te marca tanto como el momento en que sostienes por fin en brazos al hijo que acaba de salir de ti, deliciosamente sucio, húmedo, caliente, y te mira a los ojos como diciendo: te conozco.
Pero es duro.



Y no sólo se trata de la falta de sueño, de las secuelas del parto, de los cuidados que demanda un recién nacido (¡tan pequeñito y tan exigente!), ni siquiera del cóctel de hormonas que te deja turuleta hasta varias semanas después. Tampoco la falta de experiencia y la incertidumbre acerca de si lo estás haciendo bien o no, ni las propias dudas y comentarios de familiares bienintencionados pero que no hacen sino disparar tu propia inseguridad, tu miedo.

Es bastante más que eso. Es la ruptura total y repentina con tu propia identidad, con aquello que hasta el momento de parir te había definido: tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tu cuerpo, y todo aquello que llamabas tuyo. Tu tiempo. Tu vida.


Es mirarte al espejo mientras tu criaturita está prendada a tu pecho, y no reconocerte.
¿En qué momento te convertiste en esta mujer ojerosa que no tiene un minuto ni para darse una ducha? ¿Quién es ella? ¿Quién eres ahora?

Sigues siendo tú, sólo que una versión más grande de ti misma. Pero al principio no lo sabes. Al principio no te encuentras. No hay nada que logre vincular esta nueva vida tuya de cambios de pañal, tetadas a deshoras y canciones de cuna, con aquella otra vida que
parece tan remota, aquella en la que ibas y venías a tu antojo, disponías de tu tiempo y te pertenecías.

Porque, claro, todo tu ser es ahora para otro. Y ese otro se está alimentando de ti, no sólo de tu leche, sino también de tus caricias, de tus canciones, de tus palabras, de tu calor.

Y el tiempo pasa, desde luego que pasa. Llegará el momento en el que, sin darte cuenta casi, las tomas se acorten y las horas de sueño nocturno se alarguen. Tu bebé aprenderá a sostener la cabeza, luego a darse la vuelta, luego a gatear. El día menos pensado te regalará una sonrisa y pensarás que todo el esfuerzo ha sido poco.

Un día te dirá mamá. Lo verás correr en el parque, subirse solo al tobogán, jugar con otros niños, garabatear las primeras letras que te mostrará orgulloso.

Y por nada del mundo querrás cambiarte por esa otra que eras…y que tan poco sabía acerca del amor...

Fuente: mimitosdemama.com